jueves, 31 de marzo de 2011

¡¡Sin arrugas...!!


Una de las tareas que menos me agradan, es la de planchar. La verdad que disfruto hacer diversas actividades domésticas, pero el lavar y planchar no son mi fuerte. Sin embargo, es un mal necesario. Aún no he descubierto la forma en que la ropa se lave y planche sola, por lo que en vez de quejarme, simplemente realizo lo que deba hacer. La semana pasada, mientras decidía qué camisa iba a convertirse en mi suplicio diario, encontré una que representó un verdadero desafío a mi paciencia.

Existen prendas que parecen haber sido fabricadas para amargarnos la existencia, y absorbernos ese escaso tiempo libre que tenemos los estudiantes. Y justamente, la camisa que había elegido para ese día llenaba todos los requisitos de una prenda de vestir que atenta contra la mansedumbre humana. ¡Tenía una cantidad de arrugas...! Y no parecían arrugas cualesquiera, sino que se marcaban con un dejo de superioridad cuya huella no quería ser eliminada.

Acepté el reto de desaparecer de la camisa cada una de esas reminiscencias de descuido presentes en la prenda de vestir. Para esto tuve que recurrir a un nivel máximo de calor para la plancha. Con determinación estiré la prenda sobre la superficie donde planchaba, y poco a poco deslicé la plancha, en un intento por mejorar la apariencia de aquél objeto que deseaba usar. Conforme pasaban los minutos me dí cuenta de que con cada esfuerzo, la frustración aumentaba, pues las arrugas permanecían inamovibles frente a mis ataques con el electrodoméstico.

Tuve que arrodillarme para poder aplicar una mayor cantidad de fuerza, y porque necesitaba una posición un tanto más cómoda para dicha tarea. Y fue ahi, mientras estaba postrado luchando frenéticamente por alisar la camisa, cuando a mi mente llegó un pensamiento que me inquietó, y lo sigue haciendo:

"Te arrodillas para quitar las arrugas de la camisa, pero no puedes postrarte para eliminar las arrugas en tu vida..."

Quedé helado... Por varios minutos me di cuenta de la realidad de dicha reflexión. No podía encontrar un justificativo para mi negligencia espiritual. No podía... no quería. Esta frase había llegado sin que la esperara, y frente a la camisa maltrecha por las arrugas medité en cómo las situaciones más insignificantes requieren un esfuerzo que no estamos dispuestos a realizar por cambiar aquellas situaciones verdaderamente valiosas. Una plancha, una camisa desprolija, y una postura de comodidad fueron lo que necesité para poder reaccionar ante mi aire de superioridad espiritual.

Constantemente añadimos arrugas a nuestra ya desaliñada vida, y por la mañana, o por la tarde, en un intento de apaciguar la conciencia, elevamos a Dios una oración con la intención de encontrar paz. Lamentablemente, en muchas ocasiones, nuestros problemas no quieren desaparecer. Y no sólo son problemas que surgen sin aviso; con frecuencia, muchos problemas son causados por nuestra propia actividad, por nuestras decisiones equivocadas. Y lo más triste no es que esté llena de arrugas nuestra vida, sino que no nos preocupemos por pedirle a Dios un poco de su "almidón celestial" para allanar esos desperfectos que manifestamos.

Es lindo saber que tenemos por Dios a un Ser que es Amor (1 Juan 4: 8), y que en Su misericordia infinita nos invita a reflexionar en nuestras acciones (Isaías 1: 18), para darnos cuenta de nuestra necesidad (Apoc. 3: 17), y aceptar su invitación a una vida "bien planchada", donde nuestros errores serán cosa del pasado (Miqueas 7: 18). No dudes hoy acercarte a Dios, quien conoce la mejor manera de tratar con nuestras vidas.

miércoles, 30 de marzo de 2011

¡¡He decidido ser feliz!!



Hoy, visitando la lavandería, encontré una serie de tarjetas que contenían frases motivadoras. Y como curioso que soy, comencé a leer cada una de las tarjetas, buscando alguna que me gustara, para agendarla en mi cada vez más olvidadiza memoria. Y la búsqueda rindió frutos. Después de haber leído alrededor de 40 frases distintas, hubo una que llamó mi atención por la simpleza del aserto:

"El dolor es inevitable, pero sentirse miserable es opcional" Bárbará Johnson (1947-2009)


La profundidad de esta declaración es sorprendente. La autora, quien era una crítica literaria y traductora, logró resumir en un postulado tan sencillo, una de las verdades más elementales de la vida humana: El poder de la decisión en medio de las dificultades. Particularmente, no creo que haya personas que vaguen por el mundo sin un rumbo... me parece que todos tenemos un rumbo, sólo que es el equivocado. Existen personas que ante las dificultades arguyen que podrían salir adelante si tuvieran la capacidad de éste o aquél... o que la vida es injusta, pues si tuvieran las oportunidades que otros tienen y que desaprovechan, las cosas serían distintas... Eso me suena a justificación de la mediocridad propia.

Tengo de amiga a una señora mexicana, oriunda de mi pueblo. Su nombre es Lidia. Es una mujer encantadora: Siempre sonriente, perspicaz, valiente, esforzada, atenta... en fin, una gran mujer. Ella, a pesar de no contar con un ingreso elevado, ha sabido luchar en medio de las dificultades, y aunque le ha costado mucho esfuerzo, ha sacado adelante a sus 3 hijos, quienes no sólo han adquirido la inteligencia de sus padres, sino también la humildad de la madre. Recuerdo cuando Lidia pasaba por la casa vendiendo alimentos, con la plena determinación de conseguir los recursos necesarios para mantener los estudios de los hijos, y traer el sustento familiar. Pero lo que más recuerdo, es la capacidad que posee para responder con una palabra amable, un gesto agradable, y una sonrisa sincera, a todo aquel que le pregunta cualquier cosa.

En la actualidad, muchos de nosotros, vivimos quejándonos hasta de cosas tan insignificantes como el vuelo de una mosca, o la picadura de un mosquito. La sociedad actual nos ha acostumbrado a rebelarnos ante lo que enfrentamos, ya sea que tengamos la razón o no. El deseo de estar en desacuerdo está profundamente arraigado en la conducta humana. Sin embargo, muchas veces encontramos que las quejas no son ni viables, ni aconsejables, ni mucho menos saludables. Recuerdo al "hombre más sabio del mundo", cuando escribió un proverbio muy sensato:

"El corazón alegre constituye buena medicina, pero el espíritu triste seca los huesos"
Salomón, en Prov. 17: 22
Este joya de la sabiduría oriental representa poéticamente la manera en la que los problemas pueden incluso causarnos problemas de salud. Aquellos que viven quejándose, y no dedican parte del tiempo diario al agradecimiento, ni a "regalar sonrisas", son más propensas a desarrollar patologías, pues las defensas del cuerpo se ven disminuidas. En cambio, quienes practican el agradecimiento, y simplemente "van por la vida con una sonrisa desentonándo con el resto" (Mafalda), tienen menos riesgos de contraer problemas relacionados con la supresión del sistema inmunológico. Estos datos son los que refieren diversos estudios de la llamada "Psicología Positiva".

Sin duda, el deseo de ser felices es algo que todos buscamos, aun cuando muchos no sepamos que vamos por el camino equivocado. Recuerda hoy que los problemas siempre están a la puerta, esperando reacciones en nosotros. De ahi, que la forma en cómo resolvemos tales situaciones determine nuestra felicidad o infelicidad.

martes, 29 de marzo de 2011

Aprenderás...

Hoy quiero compartir esta reflexión de una emblemática figura de la literatura inglesa: William Shakespeare

Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad. Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, ni promesas.... Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.

Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado. Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas. Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma.... descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida. Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias, y que no importa que es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida, y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.

Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian. Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa o simplemente nada, solo por el placer de disfrutar su compañía. Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a
las personas que mas te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuando será la ultima vez que las veamos.

Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos. Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar. Descubrirás que se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto. Aprenderás que no importa a donde llegaste, sino a donde te diriges y sino lo sabes cualquier lugar sirve...

Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlarán y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuan delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados. Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias...

Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica. Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte. Madurar tiene mas que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos. Aprenderás que hay mucho mas de tus padres en ti de lo que supones. Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y sería una tragedia si lo creyese porque le estarás quitando la esperanza.

Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel. Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben como demostrarlo... No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.

Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado. Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles. Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores. Entonces y solo entonces sabrás realmente lo que puedes soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho mas lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía mas.

Mateo 6: 33 nos recuerda lo que realmente vale la pena en esta vida:

"Mas buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas, os serán añadidas..."


Saber vivir implica un deseo de conocer... Tal conocimiento se encuentra en el reconocimiento de la Soberanía divina (Prov. 1: 7). Vivir de acuerdo con los principios divinos, y saber ser feliz son el remedio para la mayoría de los males de esta vida... y para aquellas dificultades sin remedio, la esperanza es la mejor medicina. Disfruta tu vida, y abre tu mente a la posibilidad de aprender conscientemente en todo momento, asumiendo una actitud humilde y agradecida.


lunes, 28 de marzo de 2011

-El saco de plumas-


Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.


Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:

"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?",
a lo que el hombre respondió: "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas".

El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.


Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado",

a lo que el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil.


Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste.


Sal a la calle y búscalas".


El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna.


Al volver, el hombre sabio le dijo:
"Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".


"...con toda humildad y mansedumbre,
soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor..."
Efesios 4: 2


Las personas somos tan buenas para lastimar a los demás, pero no todos poseemos la cualidad de poder perdonar. Dicen que "Cuando llueve, cualquiera se moja... lo difícil es mantenerse seco". Así también debiéramos. como personas, tratar de mejorar la vida de las personas que nos rodean, especialmente de aquellos que, deliberadamenteo no, nos han hecho daño, o a las que hemos dañado. Recordemos el consejo de Pablo, quien nos insta a mejorar el mundo, a través de las relaciones interpersonales.


Recuerda que lo hecho, hecho está... Pero a pesar de lo que nos han hecho, o hemos hecho, con ayuda sobrehumana podemos encontrar paz, y compartirla.



Dedicado a mi gran amigo, Dios te bendiga. Sabes que lo siento

domingo, 27 de marzo de 2011

¡Otra vez lluvia!...


La semana pasada, en la Universidad, estuvo lloviendo prácticamente todo el día, desde el miércoles hasta el sábado de madrugada, con intervalos el jueves... Y si algo me llamó la atención, es la forma en la que las personas aceptamos el cambiante y casi imprevisible clima: algunos simplemente se quejaban de la falta de sol, del frio, del viento; otros más, tenían cierta preocupacion debido a la necesidad de lavar ropa, pero que no se secaría a causa de la tormenta; algunos otros, compartían ideas sobre cómo disfrutar de dicho clima...

Ante formas tan diversas de encarar la misma dificultad, y sin posibilidad de modificarla, me cautivó lo complejos que somos los seres humanos, pues ante una misma "dificultad" se suelen pensar bastantes maneras de llevar adelante la vida. A mi mente llegó el recuerdo de un proverbio chino que reza "Si el problema tiene solución, ¿Por qué te preocupas?... Y si no tiene solución ¿Para qué te preocupas?"

Las tormentas de la vida pueden ser de intensidades diferentes, con repercusiones variadas; sin embargo, por más que nos enfademos con el clima, éste se presenta como superior a nuestro humor, ya que no considera nuestras quejas, sino que, calmada o bruscamente, continúa con su imperturbable actividad. Y ante la respuesta del clima a nuestras quejas, o nuestros anhelos, ¿Es sensato sufrir por algo que no se inmuta ante nuestras palabras, maldiciones, bendiciones, o agradecimientos?

Jesús de Nazaret, 20 siglos antes, formuló una idea similar al referirse a las situaciones que tal vez no sean de nuestro agrado, o con las que no estemos conformes. Dijo:

"¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? Ya que no pueden hacer algo tan insignificante, ¿por qué se preocupan por lo demás?" Lucas 12: 25, 26
Nuestra vida es mucho más que gustos. Los deseos que sentimos no tienen que determinar nuestro humor, sino servir para recordar la insignificancia de nuestras acciones ante los hechos que nos rodean, y las leyes que determinan nuestra existencia. No creo que exista una fórmula mágica para la felicidad. Y eso me entristece, pues por años estuve buscándola sin resultados provechosos... Pero descubrí, a través de las lágrimas, las decepciones, y contadas alegrías, que la felicidad, "ESA" tan buscada, no es un estado determinado, sino una forma en la que vivimos en la vida, una manera de encarar la vida... "La felicidad no es el destino... Es el camino".

Si llegamos a comprender, y aceptar esta realidad las tormentas de la vida, ya sea torrenciales aguaceros, o simples lloviznas con atisbos de sol, llegarán a vislumbrar que siempre, después de la tormenta viene la calma.


jueves, 24 de marzo de 2011

El bambú japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se impacienta frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad,
no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡mas de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad,
este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces
que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana,
muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones
estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.

Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que "en tanto no bajemos los brazos" ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo, dentro nuestro…

Estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente
creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito
cuando éste al fin se materialice.

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes...
quizá sólo estés echando raíces...

miércoles, 23 de marzo de 2011

Un nuevo comienzo...

Todo comienzo conlleva una mezcla heterogénea de emociones, que a veces suelen ser contradictorias: Ilusión, temor, esperanza, alegría, confianza... y con el paso del tiempo, dichas emociones llegan a ser las predominantes dependiendo del momento en el que nos encontremos en el camino transitado... A veces, los comienzos no se quieren, o no se comprenden, justamente por eso, porque nuestra mente no se puede adaptar a sentimientos y emociones aparentemente irreconciliables... Pero el comienzo de algo es un punto determinado que no vuelve y que, si regresa, es otro completamente diferente.

Una vida libre de adicciones, una carrera nueva, una nueva casa, una familia... novedades de la vida, que representan un instante efímero que no regresará de la misma manera, sino que se reinventa, y que siempre nos enseña... Esos comienzos que tenemos que afrontar son los que amoldan nuestro carácter en la medida en que nos permitimos aprender, y nos ofrecemos para enseñar.

Ahora una pregunta: ¿Qué prefieres, comienzo o final? La expectativa del comienzo se disipa conforme vamos ajustándonos a la transitoriedad de las cosas, en cambio el final se acepta como la sumatoria de todos esos instantes extintos que han ayudado a forjar ese momento... Pero ¿Es el final un nuevo comienzo? ¿O el comienzo determinó el final de algo más? A pesar del sofisma, lo realmente valioso es la forma en que decidimos aceptar ora el comienzo, ora el final...

Pronto, muy pronto, habrá un nuevo comienzo, que determinará el final de una existencia imperfecta, dolorosa, que a final de cuentas nos habrá servido para disfrutar de maravillas inimaginables (2 Cor. 2: 9). Un comienzo que no tendrá final, sino que será reinventado a cada instante, pues será un comienzo sin final... La Eternidad. No una eternidad inamovible, sino una dinámica eternidad, donde habrán "nuevos cielos, y nueva tierra...", donde "las primeras cosas pasaron... he aqui, todas son hechas nuevas..." Esa es la promesa de la Biblia.

Un nuevo comienzo, donde lo pasado, pasado será, mejorado, transformado. Donde el miedo, la desesperanza desaparecerán del léxico humano, donde la ley del amor serà la gran regente... Un amor infinito... sin comienzo, sin final. Ese es el amor de Dios, un amor inefable, inescrutable, indescriptible... inestimable. Ese nuevo comienzo está muy pronto de ser... aún falta, muy poco, pero falta... Ese nuevo génesis es el más esperado por la humanidad, el más anhelado, y estás invitado a contemplarlo, a desearlo... ¿Quieres comenzar a esperar un nuevo comienzo?