lunes, 11 de abril de 2011

-El sembrador-









Recuerdo la primera vez que leí este poema, y deseo que puedas interiorizar las ideas aqui plasmadas. Es de Marcos Rafael Blanco Belmonte. Aqui te lo dejo:





De aquel rincón bañado por los fulgores
del sol
que nuestro cielo triunfante llena;

de la florida tierra donde entre flores

se deslizó mi infancia dulce y serena;

envuelto en los recuerdos de mi pasado,

borroso cual lo lejos del horizonte,

guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado,

del sembrador más raro que hubo en el monte.

Aún no se si era sabio, loco o prudente
aquel hombre que humilde traje vestía;

sólo sé que al mirarle toda la gente

con profundo respeto se descubría.

Y es que acaso su gesto severo y noble

a todos asombraba por lo arrogante:

¡hasta los leñadores mirando al roble

sienten las majestades de lo gigante!


Una tarde de otoño subí a la sierra
y al sembrador, sembrando, miré risueño;

¡desde que existen hombres sobre la tierra

nunca se ha trabajado con tanto empeño!

Quise saber, curioso, lo que el demente

sembraba en la montaña sola y bravía;

el infeliz oyóme benignamente

y me dijo con honda melancolía:

—"Siembro robles y pinos y sicomoros;
quiero llenar de frondas esta ladera,

quiero que otros disfruten de los tesoros

que darán estas plantas cuando yo muera".


—"¿Por qué tantos afanes en la jornada
sin buscar recompensa?"—
dije. Y el loco
murmuró,
con las manos sobre la azada:

—«Acaso tú imagines que me equivoco;
acaso, por ser niño, te asombre mucho

el soberano impulso que mi alma enciende;

por los que no trabajan, trabajo y lucho;

si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende!


»Hoy es el egoísmo torpe maestro
a quien rendimos culto de varios modos:

si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro.

¡Nunca al cielo pedimos pan para todos!

En la propia miseria los ojos fijos,

buscamos las riquezas que nos convienen

y todo lo arrostramos por nuestros hijos.

¿Es que los demás padres hijos no tienen?...


Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre
y, en las guerras brutales con sed de robo,

hay siempre un fratricida dentro del hombre,

y el hombre para el hombre siempre es un lobo.

»Por eso cuando al mundo, triste, contemplo,

yo me afano y me impongo ruda tarea

y sé que vale mucho mi pobre ejemplo

aunque pobre y humilde parezca y sea.


¡Hay que luchar por todos los que no luchan!
¡Hay que pedir por todos los que no imploran!

¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan!

¡Hay que llorar por todos los que no lloran!

Hay que ser cual abejas que en la colmena

fabrican para todos dulces panales.
Hay que ser como el agua que va serena
brindando al mundo entero frescos raudales.

Hay que imitar al viento, que siembra flores
lo mismo en la montaña que en la llanura,

y hay que vivir la vida sembrando amores,

con la vista y el alma siempre en la altura».

Dijo el loco, y con noble melancolía

por las breñas del monte siguió trepando,

y al perderse en las sombras, aún repetía:

—«¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!...»



Uno de los deseos inherentes al ser humano es el deseo de eternidad: Queremos que nuestras vidas no terminen, ser recordados, "dejar huellas", en resumen, queremos trascender. La trascendencia de nuestras vidas no debiera estar determinada por lo que tenemos, o por nuestro conocimiento, sino por nuestras acciones. Aquellas cosas que parecen no tener importancia son las que, por lo regular, determinan nuestra forma de ser, y la manera en que seremos recordados. Blanco Belmonte, en este poema, expresa el verdadero sentido de la vida: una vida de servicio. Sentenció Teresa de Calcuta:

"El que no vive para servir, no sirve para vivir"

Una vida de servicio, de entrega desinteresada, una vida empática, eso es lo que más necesita el mundo. Y la cristiandad, y aquellos que encuentran en Jesús de Nazaret un líder espiritual debiéramos estar conscientes de que las esencia de una vida cristiana verdadera estriba en el servicio. Jesús mismo declaró:

"Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos"
Marcos 10: 45

La naturaleza misma ha sido diseñada para servir mutuamente, entonces, ¿Por qué queremos ir contra la corriente? Es momento de vivir una verdadera revolución de amor, en donde nuestro principal motor sea el amor: amor a Dios, y por consiguiente, amor a nuestros semejantes. No olvides que de esa manera lograrás imprimir un sello imborrable en la vida de los que te rodean... Y si somos muchos, ese sello podrá circuir el mundo entero. Cristo te invita, ¡Hagamos historia!

miércoles, 6 de abril de 2011

¿Con ruido o sin ruido?


Los primeros días en Argentina, cuando asisitía a las distintas iglesias de la localidad, para los servicios de adoración, lo que más me llamó la atención no fue tanto la infraestructura, ni los asientos, ni la gente, sino el alfombrado.

Esto podría sonar un poco retrógrado, pero es que en mi pueblo, en mi país, lo que menos acostumbramos, entre muchas otras cosas, es usar alfombras. Lleno de curiosidad veía a las personas entrar y salir del lugar de culto, pero no se escuchaban esos sonidos un tanto impropios, causados por el golpe de los tacones, a los que estaba acostumbrado en las iglesias en México.

Realmente me sentí satisfecho por el uso del alfombrado en la iglesia, incluso en la biblioteca de la universidad, pues aunque no lo parezca, cosas tan sencillas como el caminar, pueden llegar a ser del todo molestas cuando le añadimos un incensante ruido producido por los pasos. Incluso ahora es lindo asistir a los servicios religiosos, y no percibir más que un leve eco producido por el andar humano. Sin duda sería lindo caminar por la vida sin estar haciendo un poco incómoda la vida a los que nos rodean ¿no te parece?

Dentro de la vida, en el caminar diario de nuestra existencia, añadimos a nuestros"zapatos" materiales un tanto sonoros, como si fueran zapatos para bailar "TAP", de esos que en la suela tienen metal, empleado para acrecentar el sonido de los golpes del zapato. Con frecuencia nuestras actitudes generan este tipo de situaciones: Estar envueltos en chismes ajenos, ser deshonesto, vivir una vida desordenada, o simplemente haber cometido un error, que por más que lo hayas tratado de solucionar, no puedes, y vives con ese recuerdo de forma permanente.

¿Te ha pasado que entras a algún lugar, pretendiendo hacer el menor ruido posible, pero de todas formas, te conviertes en el centro de atención, a pesar de haber buscado pasar desapercibido? A mi sí, y muchas veces. Tal situación se repite con bastante regularidad en distintos ámbitos de la vida. A veces, conocemos algo de alguien, y en cuanto algunas personas nos ven, es como si hubieran escuchado el ruido de tus zapatos, y corren apresuradamente hacia tí, buscando información que no les compete.

Otras veces, tu misma presencia parece irradiar no sólo un ruido al caminar, sino una luz tenebrosa, que cuando miras a tu alrededor, sientes que todos te miran, pero evaden tu mirada, conscientes de alguna situación tuya que quisiste esconder, pero que no pudiste, y todos se enteran. Más veces aún, sucede que tu comportamiento genera que tus "pisadas" sean tan sonoras, que al sentir que vas hacia cierto lugar, otros tratan de huir despavoridos.

El sonido de nuestros pasos... Algo que no siempre podemos esconder, ni aminorar. Y es ahi donde entra la alfombra de la vida: Esa que te permite caminar confiado, pues tus pasos son ligeros, el sonido se aminora, la gente pierde interés en quien va, poniendo atención en el camino por el que transita... Y así funciona la vida cristiana. Muchos errores tintineantes podemos arrastrar en nuestro andar por este mundo, y por más que lo deseemos, por nuestra cuenta, no podemos apagar el ruido que generan nuestras decisiones equivocadas. Y aún cuando nuestra vida parece hacer más ruido que nunca, tenemos a nuestra disposición un camino alfombrado por el que debemos elegir entre transitar o no por él.

Juan, el discípulo amado, identificó ese camino con Jesús (Juan 14: 6). Los errores de nuestra vida han sido cubiertos con su "manto de justicia", incluso nuestra ropa ha sido cambiada por "ropas de salvación" (Is. 61: 10). Y hasta nuestro propio camino torcido puede ser enderezado con la obediencia (Salmo 119: 9). Y ante todo, recuerda estas palabras, que Dios ha expresado a sus siervos como promesa a su Pueblo, promesa para ti y para mi:


"...Allanad, allanad; barred el camino, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo."
Isaías 57: 14
El camino de nuestra vida puede ser arreglado solamente por el Poder de Cristo obrando en nuestra vida, cuando asumimos su soberanía en nuestro propio ser, y en nuestro andar diario. Hoy, medita en estas palabras, pues "el ruido de tus zapatos" puede desaparecer, y cuando camines, no harás más ruido al caminar, y esos ecos distantes acercarán a otros al Camino que has elegido como la senda de tu vida.

sábado, 2 de abril de 2011

La carreta...


Hoy, comparto una reflexión que leí hace varios años, y que hoy logré encontrar:



Caminaba con mi padre cuando el se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó: Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?

Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí: Estoy escuchando el ruido de una carreta.
Eso es -dijo mi padre-. Es una carreta vacía.

Pregunté a mi padre: ¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aun no la vemos? Entonces mi padre respondió: Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace.

Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o violenta, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y haciendo de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: "Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace" La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas. Y recuerden que existen personas tan pobres que lo único que tienen es dinero. Y nadie está mas vacío que aquel que está lleno de sí mismo.

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Triste pero cierto: La realidad es que muy pocas veces nos detenemos a pensar en lo que decimos, y en la forma en que lo hacemos. Por lo regular sólo tratamos de hacer callar a los demás con nuestras palabras, a pesar de que no siempre contamos con la razón. Por otro lado, hay personas que tristemente hieren a los demás con sus palabras. Palabras que no debieron haber salido de los labios humanos, palabras llenas de desprecio, de enojo, de venganza, de necedad...

Curiosamente, uno de los órganos más complicados, y difíciles de "domar" es la lengua. Tan pequeño, pero como dice Santiago "una paqueña chispa, cuán grande bosque enciende..." (Stgo. 3: 5). Y realmente se necesita domar a este miembro del cuerpo, para evitar mayores complicaciones, en nuestra vida, y en la de los demás. Recurro a Salomón, para meditar en un proverbio acerca de ésto.

"La boca del justo producirá sabiduría; Mas la lengua perversa será cortada. Los labios del justo saben hablar lo que agrada; Mas la boca de los impíos habla perversidades"
Proverbios 10: 31, 32


jueves, 31 de marzo de 2011

¡¡Sin arrugas...!!


Una de las tareas que menos me agradan, es la de planchar. La verdad que disfruto hacer diversas actividades domésticas, pero el lavar y planchar no son mi fuerte. Sin embargo, es un mal necesario. Aún no he descubierto la forma en que la ropa se lave y planche sola, por lo que en vez de quejarme, simplemente realizo lo que deba hacer. La semana pasada, mientras decidía qué camisa iba a convertirse en mi suplicio diario, encontré una que representó un verdadero desafío a mi paciencia.

Existen prendas que parecen haber sido fabricadas para amargarnos la existencia, y absorbernos ese escaso tiempo libre que tenemos los estudiantes. Y justamente, la camisa que había elegido para ese día llenaba todos los requisitos de una prenda de vestir que atenta contra la mansedumbre humana. ¡Tenía una cantidad de arrugas...! Y no parecían arrugas cualesquiera, sino que se marcaban con un dejo de superioridad cuya huella no quería ser eliminada.

Acepté el reto de desaparecer de la camisa cada una de esas reminiscencias de descuido presentes en la prenda de vestir. Para esto tuve que recurrir a un nivel máximo de calor para la plancha. Con determinación estiré la prenda sobre la superficie donde planchaba, y poco a poco deslicé la plancha, en un intento por mejorar la apariencia de aquél objeto que deseaba usar. Conforme pasaban los minutos me dí cuenta de que con cada esfuerzo, la frustración aumentaba, pues las arrugas permanecían inamovibles frente a mis ataques con el electrodoméstico.

Tuve que arrodillarme para poder aplicar una mayor cantidad de fuerza, y porque necesitaba una posición un tanto más cómoda para dicha tarea. Y fue ahi, mientras estaba postrado luchando frenéticamente por alisar la camisa, cuando a mi mente llegó un pensamiento que me inquietó, y lo sigue haciendo:

"Te arrodillas para quitar las arrugas de la camisa, pero no puedes postrarte para eliminar las arrugas en tu vida..."

Quedé helado... Por varios minutos me di cuenta de la realidad de dicha reflexión. No podía encontrar un justificativo para mi negligencia espiritual. No podía... no quería. Esta frase había llegado sin que la esperara, y frente a la camisa maltrecha por las arrugas medité en cómo las situaciones más insignificantes requieren un esfuerzo que no estamos dispuestos a realizar por cambiar aquellas situaciones verdaderamente valiosas. Una plancha, una camisa desprolija, y una postura de comodidad fueron lo que necesité para poder reaccionar ante mi aire de superioridad espiritual.

Constantemente añadimos arrugas a nuestra ya desaliñada vida, y por la mañana, o por la tarde, en un intento de apaciguar la conciencia, elevamos a Dios una oración con la intención de encontrar paz. Lamentablemente, en muchas ocasiones, nuestros problemas no quieren desaparecer. Y no sólo son problemas que surgen sin aviso; con frecuencia, muchos problemas son causados por nuestra propia actividad, por nuestras decisiones equivocadas. Y lo más triste no es que esté llena de arrugas nuestra vida, sino que no nos preocupemos por pedirle a Dios un poco de su "almidón celestial" para allanar esos desperfectos que manifestamos.

Es lindo saber que tenemos por Dios a un Ser que es Amor (1 Juan 4: 8), y que en Su misericordia infinita nos invita a reflexionar en nuestras acciones (Isaías 1: 18), para darnos cuenta de nuestra necesidad (Apoc. 3: 17), y aceptar su invitación a una vida "bien planchada", donde nuestros errores serán cosa del pasado (Miqueas 7: 18). No dudes hoy acercarte a Dios, quien conoce la mejor manera de tratar con nuestras vidas.

miércoles, 30 de marzo de 2011

¡¡He decidido ser feliz!!



Hoy, visitando la lavandería, encontré una serie de tarjetas que contenían frases motivadoras. Y como curioso que soy, comencé a leer cada una de las tarjetas, buscando alguna que me gustara, para agendarla en mi cada vez más olvidadiza memoria. Y la búsqueda rindió frutos. Después de haber leído alrededor de 40 frases distintas, hubo una que llamó mi atención por la simpleza del aserto:

"El dolor es inevitable, pero sentirse miserable es opcional" Bárbará Johnson (1947-2009)


La profundidad de esta declaración es sorprendente. La autora, quien era una crítica literaria y traductora, logró resumir en un postulado tan sencillo, una de las verdades más elementales de la vida humana: El poder de la decisión en medio de las dificultades. Particularmente, no creo que haya personas que vaguen por el mundo sin un rumbo... me parece que todos tenemos un rumbo, sólo que es el equivocado. Existen personas que ante las dificultades arguyen que podrían salir adelante si tuvieran la capacidad de éste o aquél... o que la vida es injusta, pues si tuvieran las oportunidades que otros tienen y que desaprovechan, las cosas serían distintas... Eso me suena a justificación de la mediocridad propia.

Tengo de amiga a una señora mexicana, oriunda de mi pueblo. Su nombre es Lidia. Es una mujer encantadora: Siempre sonriente, perspicaz, valiente, esforzada, atenta... en fin, una gran mujer. Ella, a pesar de no contar con un ingreso elevado, ha sabido luchar en medio de las dificultades, y aunque le ha costado mucho esfuerzo, ha sacado adelante a sus 3 hijos, quienes no sólo han adquirido la inteligencia de sus padres, sino también la humildad de la madre. Recuerdo cuando Lidia pasaba por la casa vendiendo alimentos, con la plena determinación de conseguir los recursos necesarios para mantener los estudios de los hijos, y traer el sustento familiar. Pero lo que más recuerdo, es la capacidad que posee para responder con una palabra amable, un gesto agradable, y una sonrisa sincera, a todo aquel que le pregunta cualquier cosa.

En la actualidad, muchos de nosotros, vivimos quejándonos hasta de cosas tan insignificantes como el vuelo de una mosca, o la picadura de un mosquito. La sociedad actual nos ha acostumbrado a rebelarnos ante lo que enfrentamos, ya sea que tengamos la razón o no. El deseo de estar en desacuerdo está profundamente arraigado en la conducta humana. Sin embargo, muchas veces encontramos que las quejas no son ni viables, ni aconsejables, ni mucho menos saludables. Recuerdo al "hombre más sabio del mundo", cuando escribió un proverbio muy sensato:

"El corazón alegre constituye buena medicina, pero el espíritu triste seca los huesos"
Salomón, en Prov. 17: 22
Este joya de la sabiduría oriental representa poéticamente la manera en la que los problemas pueden incluso causarnos problemas de salud. Aquellos que viven quejándose, y no dedican parte del tiempo diario al agradecimiento, ni a "regalar sonrisas", son más propensas a desarrollar patologías, pues las defensas del cuerpo se ven disminuidas. En cambio, quienes practican el agradecimiento, y simplemente "van por la vida con una sonrisa desentonándo con el resto" (Mafalda), tienen menos riesgos de contraer problemas relacionados con la supresión del sistema inmunológico. Estos datos son los que refieren diversos estudios de la llamada "Psicología Positiva".

Sin duda, el deseo de ser felices es algo que todos buscamos, aun cuando muchos no sepamos que vamos por el camino equivocado. Recuerda hoy que los problemas siempre están a la puerta, esperando reacciones en nosotros. De ahi, que la forma en cómo resolvemos tales situaciones determine nuestra felicidad o infelicidad.

martes, 29 de marzo de 2011

Aprenderás...

Hoy quiero compartir esta reflexión de una emblemática figura de la literatura inglesa: William Shakespeare

Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad. Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, ni promesas.... Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.

Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado. Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas. Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma.... descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida. Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias, y que no importa que es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida, y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.

Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian. Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa o simplemente nada, solo por el placer de disfrutar su compañía. Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a
las personas que mas te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuando será la ultima vez que las veamos.

Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos. Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar. Descubrirás que se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto. Aprenderás que no importa a donde llegaste, sino a donde te diriges y sino lo sabes cualquier lugar sirve...

Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlarán y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuan delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados. Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias...

Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica. Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte. Madurar tiene mas que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos. Aprenderás que hay mucho mas de tus padres en ti de lo que supones. Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y sería una tragedia si lo creyese porque le estarás quitando la esperanza.

Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel. Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben como demostrarlo... No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.

Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado. Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles. Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores. Entonces y solo entonces sabrás realmente lo que puedes soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho mas lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía mas.

Mateo 6: 33 nos recuerda lo que realmente vale la pena en esta vida:

"Mas buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas, os serán añadidas..."


Saber vivir implica un deseo de conocer... Tal conocimiento se encuentra en el reconocimiento de la Soberanía divina (Prov. 1: 7). Vivir de acuerdo con los principios divinos, y saber ser feliz son el remedio para la mayoría de los males de esta vida... y para aquellas dificultades sin remedio, la esperanza es la mejor medicina. Disfruta tu vida, y abre tu mente a la posibilidad de aprender conscientemente en todo momento, asumiendo una actitud humilde y agradecida.


lunes, 28 de marzo de 2011

-El saco de plumas-


Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.


Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:

"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?",
a lo que el hombre respondió: "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas".

El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.


Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado",

a lo que el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil.


Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste.


Sal a la calle y búscalas".


El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna.


Al volver, el hombre sabio le dijo:
"Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".


"...con toda humildad y mansedumbre,
soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor..."
Efesios 4: 2


Las personas somos tan buenas para lastimar a los demás, pero no todos poseemos la cualidad de poder perdonar. Dicen que "Cuando llueve, cualquiera se moja... lo difícil es mantenerse seco". Así también debiéramos. como personas, tratar de mejorar la vida de las personas que nos rodean, especialmente de aquellos que, deliberadamenteo no, nos han hecho daño, o a las que hemos dañado. Recordemos el consejo de Pablo, quien nos insta a mejorar el mundo, a través de las relaciones interpersonales.


Recuerda que lo hecho, hecho está... Pero a pesar de lo que nos han hecho, o hemos hecho, con ayuda sobrehumana podemos encontrar paz, y compartirla.



Dedicado a mi gran amigo, Dios te bendiga. Sabes que lo siento

domingo, 27 de marzo de 2011

¡Otra vez lluvia!...


La semana pasada, en la Universidad, estuvo lloviendo prácticamente todo el día, desde el miércoles hasta el sábado de madrugada, con intervalos el jueves... Y si algo me llamó la atención, es la forma en la que las personas aceptamos el cambiante y casi imprevisible clima: algunos simplemente se quejaban de la falta de sol, del frio, del viento; otros más, tenían cierta preocupacion debido a la necesidad de lavar ropa, pero que no se secaría a causa de la tormenta; algunos otros, compartían ideas sobre cómo disfrutar de dicho clima...

Ante formas tan diversas de encarar la misma dificultad, y sin posibilidad de modificarla, me cautivó lo complejos que somos los seres humanos, pues ante una misma "dificultad" se suelen pensar bastantes maneras de llevar adelante la vida. A mi mente llegó el recuerdo de un proverbio chino que reza "Si el problema tiene solución, ¿Por qué te preocupas?... Y si no tiene solución ¿Para qué te preocupas?"

Las tormentas de la vida pueden ser de intensidades diferentes, con repercusiones variadas; sin embargo, por más que nos enfademos con el clima, éste se presenta como superior a nuestro humor, ya que no considera nuestras quejas, sino que, calmada o bruscamente, continúa con su imperturbable actividad. Y ante la respuesta del clima a nuestras quejas, o nuestros anhelos, ¿Es sensato sufrir por algo que no se inmuta ante nuestras palabras, maldiciones, bendiciones, o agradecimientos?

Jesús de Nazaret, 20 siglos antes, formuló una idea similar al referirse a las situaciones que tal vez no sean de nuestro agrado, o con las que no estemos conformes. Dijo:

"¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? Ya que no pueden hacer algo tan insignificante, ¿por qué se preocupan por lo demás?" Lucas 12: 25, 26
Nuestra vida es mucho más que gustos. Los deseos que sentimos no tienen que determinar nuestro humor, sino servir para recordar la insignificancia de nuestras acciones ante los hechos que nos rodean, y las leyes que determinan nuestra existencia. No creo que exista una fórmula mágica para la felicidad. Y eso me entristece, pues por años estuve buscándola sin resultados provechosos... Pero descubrí, a través de las lágrimas, las decepciones, y contadas alegrías, que la felicidad, "ESA" tan buscada, no es un estado determinado, sino una forma en la que vivimos en la vida, una manera de encarar la vida... "La felicidad no es el destino... Es el camino".

Si llegamos a comprender, y aceptar esta realidad las tormentas de la vida, ya sea torrenciales aguaceros, o simples lloviznas con atisbos de sol, llegarán a vislumbrar que siempre, después de la tormenta viene la calma.


jueves, 24 de marzo de 2011

El bambú japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se impacienta frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad,
no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡mas de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad,
este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces
que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana,
muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones
estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.

Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que "en tanto no bajemos los brazos" ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo, dentro nuestro…

Estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente
creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito
cuando éste al fin se materialice.

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes...
quizá sólo estés echando raíces...

miércoles, 23 de marzo de 2011

Un nuevo comienzo...

Todo comienzo conlleva una mezcla heterogénea de emociones, que a veces suelen ser contradictorias: Ilusión, temor, esperanza, alegría, confianza... y con el paso del tiempo, dichas emociones llegan a ser las predominantes dependiendo del momento en el que nos encontremos en el camino transitado... A veces, los comienzos no se quieren, o no se comprenden, justamente por eso, porque nuestra mente no se puede adaptar a sentimientos y emociones aparentemente irreconciliables... Pero el comienzo de algo es un punto determinado que no vuelve y que, si regresa, es otro completamente diferente.

Una vida libre de adicciones, una carrera nueva, una nueva casa, una familia... novedades de la vida, que representan un instante efímero que no regresará de la misma manera, sino que se reinventa, y que siempre nos enseña... Esos comienzos que tenemos que afrontar son los que amoldan nuestro carácter en la medida en que nos permitimos aprender, y nos ofrecemos para enseñar.

Ahora una pregunta: ¿Qué prefieres, comienzo o final? La expectativa del comienzo se disipa conforme vamos ajustándonos a la transitoriedad de las cosas, en cambio el final se acepta como la sumatoria de todos esos instantes extintos que han ayudado a forjar ese momento... Pero ¿Es el final un nuevo comienzo? ¿O el comienzo determinó el final de algo más? A pesar del sofisma, lo realmente valioso es la forma en que decidimos aceptar ora el comienzo, ora el final...

Pronto, muy pronto, habrá un nuevo comienzo, que determinará el final de una existencia imperfecta, dolorosa, que a final de cuentas nos habrá servido para disfrutar de maravillas inimaginables (2 Cor. 2: 9). Un comienzo que no tendrá final, sino que será reinventado a cada instante, pues será un comienzo sin final... La Eternidad. No una eternidad inamovible, sino una dinámica eternidad, donde habrán "nuevos cielos, y nueva tierra...", donde "las primeras cosas pasaron... he aqui, todas son hechas nuevas..." Esa es la promesa de la Biblia.

Un nuevo comienzo, donde lo pasado, pasado será, mejorado, transformado. Donde el miedo, la desesperanza desaparecerán del léxico humano, donde la ley del amor serà la gran regente... Un amor infinito... sin comienzo, sin final. Ese es el amor de Dios, un amor inefable, inescrutable, indescriptible... inestimable. Ese nuevo comienzo está muy pronto de ser... aún falta, muy poco, pero falta... Ese nuevo génesis es el más esperado por la humanidad, el más anhelado, y estás invitado a contemplarlo, a desearlo... ¿Quieres comenzar a esperar un nuevo comienzo?