sábado, 14 de enero de 2012

El árbol confundido

Hoy, comparto otra historia, de esas motivacionales, en las que siempre podemos obtener alguna lección. Esta vez, la historia se titula "El árbol confundido", cuyo autor desconozco. Aqui se los dejo:

"Habia una vez, algun lugar que podria ser cualquier lugar, y en un tiempo que podria ser cualquier tiempo, un hermoso jardin, con manzanos, naranjos, perales y bellisimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegria en el jardin, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: "No sabia quien era." 

Lo que le faltaba era concentración, le decia el manzano, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. 
"¿Ves que fácil es?" 
No lo escuches, exigia el rosal. Es más sencillo tener rosas y "¿Ves qué bellas son?" 
Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerian, y como no lograba ser como los demás, se sentia cada vez más frustrado. 

Un día llegó hasta el jardin el buho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperacion del árbol, exclamó: No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: 

"No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas...Sé lo que Dios quiere que seas, y para lograrlo, escúchalo." 

Y dicho esto, el buho desapareció. 

¿Lo que Dios quiere que sea...? Se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió... 
Y cerrando los ojos y los oidos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar: 

"Tu jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje... Tienes una misión Cumplela". 

Y el árbol se sintió fuerte y seguro y se dispuso a ser todo aquello para lo cual habia sido creado. 

Asi, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. 

Y solo entonces el jardin fue completamente feliz".


Muchas veces, nos dejamos llevar por las comparaciones, puesto que nuestra naturaleza, por lo regular, nos induce a medirnos de acuerdo a lo que los demás hacen, la forma como viven, y por más que se diga que es una "sana envidia", muchas veces se pretende ser como los demás. Los logros ajenos son, para muchos, más importantes que los propios; la preparación académica de los demás es más afortunada que la que hemos recibido... En fin, no terminarían los ejemplos acerca de las comparaciones, y la frustración que esto genera en los que viven a la sombra de los demás.

Ya el sabio Salomón, siglos atrás, escribió "Todo lo que te venga a la mano para hacer, hazlo con empeño..." (Ecl. 9: 10). Otras versiones traducen "según tus fuerzas...". Y realmente es una porción de la Escritura que revela mucha sabiduría, ya que no hay mejor consejo, para un mundo en el que todo mundo vive en una competencia constante e interminable. "Según tus fuerzas..." Cualquier cosa que realices, hazla lo mejor que puedas, dedícale tiempo suficiente, y siéntete satisfecho con tus logros, por más pequeños que los consideres, ya que son tuyos, y de nadie más.

Siempre habrá gente más preparada que tú, más inteligente que tú, más graciosa que tú, más hermosa que tú... Pero tú, eres único, y Dios y la gente no desean que seas una copia de otro, sino que anhelan ver tu autenticidad en lo que haces, y se alegrarán de tus logros cuando hagas lo mejor que puedas... Y si no se alegran, o no lo agradecen ni lo reconocen, igual disfruta, pues estarás muy orgulloso de tus capacidades, que son inigualables.

lunes, 9 de enero de 2012

Melodías vivas

 



Hace ya bastante tiempo que no había dedicado tiempo a escribir en el blog... Y no es que me falte tiempo, sino que no me he dado el tiempo necesario para escribir, para reflexionar, para hacer catarsis escritural... Pero la oportunidad se ha dado, así que de nuevo estamos frente al ordenador, invocando pensamientos que no se dejan aprisionar en palabras comunes.

Estas vacaciones he podido estar en casa, después de dos años sin compartir tantos momentos familiares, y aprovechando la banda ancha del internet, por las noches, me dedico a mirar videos y escuchar música. Es un hobbie que me fascina: Disfruto constantemente de los altibajos de las notas, de los cambios en el ritmo, incluso de los silencios... Reconozco en la música un universo de sentimientos inefables, de un idioma no verbal, que todos conocemos, pues el corazón es capaz de interpretar. Y muchas veces, mientras escucho música, me invade la congoja, me llena la felicidad, a veces me dejo llevar por el éxtasis de la melodía,  y entonces...

Los recuerdos son conjurados por las piezas musicales, y cada uno se agrupa con otros, con formas extrañas, irreverentes. Muchos de ellos, alegres, contienen rostros, gestos, ilusiones, aventuras... Algunos más, me hacen estremecer, y frases muy parecidas a "¿Cómo pudo pasar?", "¿Por qué terminó?", "Fui tan tonto", "No debí hacer eso" levantan su estandarte, y trastocan de nuevo las cicatrices de mi vida. Pero hay otros pensamientos, que aunque son recuerdos no sucedieron... Las ilusiones.

Y son las ilusiones las que siempre toman la batuta en el concierto mental de las personas. Aquellas esperanzas que abrazamos, esa fe que nos mantiene en el camino, los anhelos que refrescan nuestra vida, las aspiraciones que son el motor de nuestro trabajo, son las que colocan en un orden muy particular cada una de las notas musicales que nuestra memoria ha procesado. Porque si no te has dado cuenta, en la mente siempre suena la música. "La música nos rodea", decía August Rush, y es cierto.

Somos directores de una mini orquesta, la de nuestra propia vida, y en ella, muchas veces interpretamos música apacible, y estridencias discordantes. La melodía de nuestras acciones es escuchada por los demás, y son ellos quienes disfrutan o sufren con nuestra sinfonía. La vida siempre tiene momentos sublimes, en los que nos dan ganas de reir, de gritar, de abrazar, de sonreír. Y claro está, hay momentos también en los que simplemente ejecutamos notas sombrías, que llenan de lágrimas nuestros ojos. Y como no sólo somos directores, sino también espectadores del arte de la vida, nos toca a veces escuchar tristes piezas de los demás, que repercuten en nuestro concierto.

Lo bueno de la música es la variedad, y aunque a veces escuchamos una pieza dramática, o incluso agresiva, si seguimos escuchando, lograremos percibir música agradable, que brota de los corazones agradecidos. Y esa música no debiera desaparecer, porque es la que mejor hace al alma, no sólo a la que escucha, sino también a la que la ejecuta. Hoy, y todos los días, esforcémonos por entonar melodías agradables, nuevas, de esas que cautivan los oídos, y seducen corazones, sin olvidar que nuestra mejor canción siempre debe tener a Dios como el destinatario, pues ya lo dice la Escritura "Cantad alegres a YHWH, habitantes de toda la tierra..." (Salmo 100: 1). y entonces, la música sonará fuerte, alegrando corazones, transformando vida, y curando heridas.