
Los primeros días en Argentina, cuando asisitía a las distintas iglesias de la localidad, para los servicios de adoración, lo que más me llamó la atención no fue tanto la infraestructura, ni los asientos, ni la gente, sino el alfombrado.
Esto podría sonar un poco retrógrado, pero es que en mi pueblo, en mi país, lo que menos acostumbramos, entre muchas otras cosas, es usar alfombras. Lleno de curiosidad veía a las personas entrar y salir del lugar de culto, pero no se escuchaban esos sonidos un tanto impropios, causados por el golpe de los tacones, a los que estaba acostumbrado en las iglesias en México.
Realmente me sentí satisfecho por el uso del alfombrado en la iglesia, incluso en la biblioteca de la universidad, pues aunque no lo parezca, cosas tan sencillas como el caminar, pueden llegar a ser del todo molestas cuando le añadimos un incensante ruido producido por los pasos. Incluso ahora es lindo asistir a los servicios religiosos, y no percibir más que un leve eco producido por el andar humano. Sin duda sería lindo caminar por la vida sin estar haciendo un poco incómoda la vida a los que nos rodean ¿no te parece?
Dentro de la vida, en el caminar diario de nuestra existencia, añadimos a nuestros"zapatos" materiales un tanto sonoros, como si fueran zapatos para bailar "TAP", de esos que en la suela tienen metal, empleado para acrecentar el sonido de los golpes del zapato. Con frecuencia nuestras actitudes generan este tipo de situaciones: Estar envueltos en chismes ajenos, ser deshonesto, vivir una vida desordenada, o simplemente haber cometido un error, que por más que lo hayas tratado de solucionar, no puedes, y vives con ese recuerdo de forma permanente.
¿Te ha pasado que entras a algún lugar, pretendiendo hacer el menor ruido posible, pero de todas formas, te conviertes en el centro de atención, a pesar de haber buscado pasar desapercibido? A mi sí, y muchas veces. Tal situación se repite con bastante regularidad en distintos ámbitos de la vida. A veces, conocemos algo de alguien, y en cuanto algunas personas nos ven, es como si hubieran escuchado el ruido de tus zapatos, y corren apresuradamente hacia tí, buscando información que no les compete.
Otras veces, tu misma presencia parece irradiar no sólo un ruido al caminar, sino una luz tenebrosa, que cuando miras a tu alrededor, sientes que todos te miran, pero evaden tu mirada, conscientes de alguna situación tuya que quisiste esconder, pero que no pudiste, y todos se enteran. Más veces aún, sucede que tu comportamiento genera que tus "pisadas" sean tan sonoras, que al sentir que vas hacia cierto lugar, otros tratan de huir despavoridos.
El sonido de nuestros pasos... Algo que no siempre podemos esconder, ni aminorar. Y es ahi donde entra la alfombra de la vida: Esa que te permite caminar confiado, pues tus pasos son ligeros, el sonido se aminora, la gente pierde interés en quien va, poniendo atención en el camino por el que transita... Y así funciona la vida cristiana. Muchos errores tintineantes podemos arrastrar en nuestro andar por este mundo, y por más que lo deseemos, por nuestra cuenta, no podemos apagar el ruido que generan nuestras decisiones equivocadas. Y aún cuando nuestra vida parece hacer más ruido que nunca, tenemos a nuestra disposición un camino alfombrado por el que debemos elegir entre transitar o no por él.
Juan, el discípulo amado, identificó ese camino con Jesús (Juan 14: 6). Los errores de nuestra vida han sido cubiertos con su "manto de justicia", incluso nuestra ropa ha sido cambiada por "ropas de salvación" (Is. 61: 10). Y hasta nuestro propio camino torcido puede ser enderezado con la obediencia (Salmo 119: 9). Y ante todo, recuerda estas palabras, que Dios ha expresado a sus siervos como promesa a su Pueblo, promesa para ti y para mi:
Esto podría sonar un poco retrógrado, pero es que en mi pueblo, en mi país, lo que menos acostumbramos, entre muchas otras cosas, es usar alfombras. Lleno de curiosidad veía a las personas entrar y salir del lugar de culto, pero no se escuchaban esos sonidos un tanto impropios, causados por el golpe de los tacones, a los que estaba acostumbrado en las iglesias en México.
Realmente me sentí satisfecho por el uso del alfombrado en la iglesia, incluso en la biblioteca de la universidad, pues aunque no lo parezca, cosas tan sencillas como el caminar, pueden llegar a ser del todo molestas cuando le añadimos un incensante ruido producido por los pasos. Incluso ahora es lindo asistir a los servicios religiosos, y no percibir más que un leve eco producido por el andar humano. Sin duda sería lindo caminar por la vida sin estar haciendo un poco incómoda la vida a los que nos rodean ¿no te parece?
Dentro de la vida, en el caminar diario de nuestra existencia, añadimos a nuestros"zapatos" materiales un tanto sonoros, como si fueran zapatos para bailar "TAP", de esos que en la suela tienen metal, empleado para acrecentar el sonido de los golpes del zapato. Con frecuencia nuestras actitudes generan este tipo de situaciones: Estar envueltos en chismes ajenos, ser deshonesto, vivir una vida desordenada, o simplemente haber cometido un error, que por más que lo hayas tratado de solucionar, no puedes, y vives con ese recuerdo de forma permanente.
¿Te ha pasado que entras a algún lugar, pretendiendo hacer el menor ruido posible, pero de todas formas, te conviertes en el centro de atención, a pesar de haber buscado pasar desapercibido? A mi sí, y muchas veces. Tal situación se repite con bastante regularidad en distintos ámbitos de la vida. A veces, conocemos algo de alguien, y en cuanto algunas personas nos ven, es como si hubieran escuchado el ruido de tus zapatos, y corren apresuradamente hacia tí, buscando información que no les compete.
Otras veces, tu misma presencia parece irradiar no sólo un ruido al caminar, sino una luz tenebrosa, que cuando miras a tu alrededor, sientes que todos te miran, pero evaden tu mirada, conscientes de alguna situación tuya que quisiste esconder, pero que no pudiste, y todos se enteran. Más veces aún, sucede que tu comportamiento genera que tus "pisadas" sean tan sonoras, que al sentir que vas hacia cierto lugar, otros tratan de huir despavoridos.
El sonido de nuestros pasos... Algo que no siempre podemos esconder, ni aminorar. Y es ahi donde entra la alfombra de la vida: Esa que te permite caminar confiado, pues tus pasos son ligeros, el sonido se aminora, la gente pierde interés en quien va, poniendo atención en el camino por el que transita... Y así funciona la vida cristiana. Muchos errores tintineantes podemos arrastrar en nuestro andar por este mundo, y por más que lo deseemos, por nuestra cuenta, no podemos apagar el ruido que generan nuestras decisiones equivocadas. Y aún cuando nuestra vida parece hacer más ruido que nunca, tenemos a nuestra disposición un camino alfombrado por el que debemos elegir entre transitar o no por él.
Juan, el discípulo amado, identificó ese camino con Jesús (Juan 14: 6). Los errores de nuestra vida han sido cubiertos con su "manto de justicia", incluso nuestra ropa ha sido cambiada por "ropas de salvación" (Is. 61: 10). Y hasta nuestro propio camino torcido puede ser enderezado con la obediencia (Salmo 119: 9). Y ante todo, recuerda estas palabras, que Dios ha expresado a sus siervos como promesa a su Pueblo, promesa para ti y para mi:
"...Allanad, allanad; barred el camino, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo."Isaías 57: 14
El camino de nuestra vida puede ser arreglado solamente por el Poder de Cristo obrando en nuestra vida, cuando asumimos su soberanía en nuestro propio ser, y en nuestro andar diario. Hoy, medita en estas palabras, pues "el ruido de tus zapatos" puede desaparecer, y cuando camines, no harás más ruido al caminar, y esos ecos distantes acercarán a otros al Camino que has elegido como la senda de tu vida.
Muy bueno. la verdad no lo habia pensado..
ResponderEliminar